A Lei Monsanto é um atentado contra a vida

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Por Miguel Ángel Albizures

 

Por supuesto, esta Guatemala es de todos, de indígenas y campesinos, de garífunas y xincas, de blancos y mestizos, de quienes tienen poco o nada y de quienes tienen todo y de todo, y también de aquellos que han hecho de ella su patria o segunda patria y contribuyen a hundirla, como Pedro Trujillo, quien se desgañita atacando a mujeres columnistas que defienden derechos humanos, se oponen a la entrega del país y la criminalización de los movimientos sociales de resistencia. 

 

La mayoría, la inmensa mayoría de quienes habitamos esta patria, nos estamos quedando solo con el nombre: “Guatemala”, porque la tierra ya la han arrebatado de las manos de quienes la trabajan, pues hoy la acaparan unos pocos, al igual que la riqueza y los bienes que se producen. Por eso las aspiraciones, los anhelos, los sueños, las luchas, las reivindicaciones de los sectores populares y de periodistas conscientes, son diferentes de quienes, de acuerdo a sus intereses, imponen el desarrollo sin justicia social para enriquecerse más y entregar a las grandes transnacionales las porciones de tierra fértil y hasta las patentes de lo más sagrado que tenemos, los granos básicos. Esa Ley Monsanto atenta contra la soberanía del país, la dignidad, la seguridad y el futuro de las generaciones de campesinos e indígenas que los producen y abastecen a la sociedad. 

 

Unos, los menos, los que se arrogan el derecho de decidir y no quieren que este país, que esta Guatemala, cambie para que siga siendo el paraíso de ellos y de las transnacionales como la Monsanto, que además de querernos meter transgénicos, ha producido otros productos que afectan la salud y provocan la muerte. Si el Congreso y el Gobierno central siguen este camino de entreguismo, el aguante de las mayorías está llegando a su límite, pues somos una población totalmente desprotegida y agredida por las fuerzas de seguridad que están al servicio de los intereses de hacendados nacionales y del capital extranjero.

 

La Ley Monsanto es un atentado a la vida, pues las semillas son la base de la soberanía alimentaria y han sido patrimonio de los pueblos a quienes en el futuro se les cobraría por el uso de la semilla o se les impondría demandas, penas de cárcel y multas por utilizar su propia semilla. La Monsanto siempre ha atentado contra la vida, ya sea con químicos o con gases letales utilizados en las guerras. Pero estos son los intereses que, a capa y espada defienden columnistas como Pedro Trujillo y otros, cuya pluma está al servicio del poder económico, de los militares y del capital transnacional. Que este nuevo atentado, tendente a privatizar las semillas y la vida, nos sirva para avanzar en la unidad y en la creación de un movimiento político social que se oponga y movilice, cada vez que se atente contra los intereses y derechos del pueblo y de los pueblos ancestrales

 

Publicado Originalmente no Jornal Opinião, da Guatemala, 

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